Decían que yo era el ciego, pero podía ver todo.
Recuerdo ver el celaje en sombras negras de una chava pasar frente a mi. Logré persuadir un fresco aroma de granada y mango, una fragancia que motivo a mis ojos imposibilitados a forzarse para contemplar aquella sombra. Mis ojos no podían visualizar más que sombras y siluetas, mi medico siempre me había dicho que podría ver tanto como me interesará, que todo era mental. Yo nunca lo supe, hasta aquel día que la vi. Recuerdo haber fruncido mis cejas, atacando la mirada. Logre visualizar una silueta oscura, con una cintura de infarto que denotaba un cuerpo esplendido. Su pelo se veía ondulado y largo, este bailaba al son del aire. Fue lo único que pude persuadir, una silueta.
Un autobús se detuvo y sentí como aquella silueta desaparecía. Me pare de mi asiento y corrí pidiéndole que se detuviera, pero era muy tarde, ya ella se había marchado. Llegue a mi casa y dando un suspiro caí rendido sobre el mueble. Soñé y añoré aquella silueta de cuerpo sensual estremecerse ante el frío de la noche con aquel aroma de granada y mango ¡Ah! como me hipnotizó aquel tan agradable aroma.
Los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses, sin embargo yo, todas las tardes me sentaba en aquel mismo banquillo a esperar ver irónicamente aquella silueta que había marcado un momento en mi ciego mirar. Nunca más volví a verla, el invierno se convirtió en primavera, la primavera en verano y el verano en otoño, pero aquella silueta que enmarco mis pensamientos nunca más pude volverla a persuadir. Desistí de seguir buscando a aquella mujer, no tenía forma de encontrarla con tan solo un aroma, o una silueta, tampoco tenía una verdadera imagen de ella puesto que era ciego, y cuando la encontrará ¿Quién me aseguraba que iba a poner sus ojos en este pobre ciego que la espero durante meses?
Fue hasta otoño cuando logré persuadir aquel agradable aroma de granada y mango, iba camino a tomar el autobús cuando inclinada al poste visualizo otra silueta, esta era distinta, llevaba pelo recogido, seguramente en trenzas porque no le vi señales de moño ni mucho menos de cola. Esta era distinta a la que habían enmarcado mis ojos aquella vez, su cuerpo estaba cubierto de harapos que me hacían contornear una figura un tanto borrosa y cuadrada. Me acerque a ella inhalando más de cerca su aroma y estaba seguro de que era la misma chava de aquella vez, es que aquel olor era el mismo, y no puede haber tanta coincidencia, pero el mundo era tan cruel, yo era un ciego y no podía afirmar que se tratase de la misma persona.
El autobús se detuvo y tras ella tomarlo, le perseguí, tome asiento a su lado y mientras el autobús aceleraba le dije:
-¿Eres tu? -Ella rió-
-¿Quién se supone que debo ser? si es que acaso nos conocemos.
-Hace meses atrás una chava con tu mismo aroma y supongo que con un vestido ajustado -Debido a que su silueta mostraba de forma muy definida su cuerpo- y un pelo ondulado, que titiritaba de frío una noche de invierno, justamente un 29 de diciembre, estaba esperando el autobús en el mismo lugar. -Ella dejó de reírse y se aisló inclinándose a la ventana sin dar respuesta alguna-... Si, eras tu.
-S-s-si. -titubeo- Era yo y no era yo ¿Qué quieres? -termino preguntándome de forma cortante.
-Quiero decirte que desde ese día no paro de pensar en ti, que solo tu aroma me ha cautivado a intentar al menos visualizar tu silueta, que desde entonces todas las tardes te he estado esperando ver pasar y que hoy soy el ciego más feliz de poder verte sin poder ver.

-¿Y que paso? ¡termina la historia! -Me reí.- ¿terminó aceptándote?
-Paso que ya estaba enamorada, perdidamente enamorada de un tipo que la marchito.
-¿Murió? -Agache la mirada-
-No, no se, la ultima vez que la vi estaba muy distinta a cuando me hipnotizó con su frescura.
-¿Como la viste? ¿acaso alguna vez tuviste visión?
-Si, la primera vez vi una silueta llena de frescura y armonía, con un aroma que me erizó los pelos de la nariz por así decirlo; sin embargo, la última vez que la vi la reconocí porque ella me lo dijo, llevaba un olor a cigarro y su silueta era de mujer jorobada y ya no lucía aquel cuerpo de infarto, su silueta esta vez, era de una mujer pobre de vida. Y lo peor de todo, es que me pedía dinero para comprar más cigarros... -respire profundo- Y como te dije, veo con el alma, a veces, los ojos nos hacen ser más ciegos que de costumbre, por eso yo he aprendido a ver con el alma.
Un autobús se detuvo y sentí como aquella silueta desaparecía. Me pare de mi asiento y corrí pidiéndole que se detuviera, pero era muy tarde, ya ella se había marchado. Llegue a mi casa y dando un suspiro caí rendido sobre el mueble. Soñé y añoré aquella silueta de cuerpo sensual estremecerse ante el frío de la noche con aquel aroma de granada y mango ¡Ah! como me hipnotizó aquel tan agradable aroma.
Los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses, sin embargo yo, todas las tardes me sentaba en aquel mismo banquillo a esperar ver irónicamente aquella silueta que había marcado un momento en mi ciego mirar. Nunca más volví a verla, el invierno se convirtió en primavera, la primavera en verano y el verano en otoño, pero aquella silueta que enmarco mis pensamientos nunca más pude volverla a persuadir. Desistí de seguir buscando a aquella mujer, no tenía forma de encontrarla con tan solo un aroma, o una silueta, tampoco tenía una verdadera imagen de ella puesto que era ciego, y cuando la encontrará ¿Quién me aseguraba que iba a poner sus ojos en este pobre ciego que la espero durante meses?
Fue hasta otoño cuando logré persuadir aquel agradable aroma de granada y mango, iba camino a tomar el autobús cuando inclinada al poste visualizo otra silueta, esta era distinta, llevaba pelo recogido, seguramente en trenzas porque no le vi señales de moño ni mucho menos de cola. Esta era distinta a la que habían enmarcado mis ojos aquella vez, su cuerpo estaba cubierto de harapos que me hacían contornear una figura un tanto borrosa y cuadrada. Me acerque a ella inhalando más de cerca su aroma y estaba seguro de que era la misma chava de aquella vez, es que aquel olor era el mismo, y no puede haber tanta coincidencia, pero el mundo era tan cruel, yo era un ciego y no podía afirmar que se tratase de la misma persona.
El autobús se detuvo y tras ella tomarlo, le perseguí, tome asiento a su lado y mientras el autobús aceleraba le dije:
-¿Eres tu? -Ella rió-
-¿Quién se supone que debo ser? si es que acaso nos conocemos.
-Hace meses atrás una chava con tu mismo aroma y supongo que con un vestido ajustado -Debido a que su silueta mostraba de forma muy definida su cuerpo- y un pelo ondulado, que titiritaba de frío una noche de invierno, justamente un 29 de diciembre, estaba esperando el autobús en el mismo lugar. -Ella dejó de reírse y se aisló inclinándose a la ventana sin dar respuesta alguna-... Si, eras tu.
-S-s-si. -titubeo- Era yo y no era yo ¿Qué quieres? -termino preguntándome de forma cortante.
-Quiero decirte que desde ese día no paro de pensar en ti, que solo tu aroma me ha cautivado a intentar al menos visualizar tu silueta, que desde entonces todas las tardes te he estado esperando ver pasar y que hoy soy el ciego más feliz de poder verte sin poder ver.
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-¿Y que paso? ¡termina la historia! -Me reí.- ¿terminó aceptándote?
-Paso que ya estaba enamorada, perdidamente enamorada de un tipo que la marchito.
-¿Murió? -Agache la mirada-
-No, no se, la ultima vez que la vi estaba muy distinta a cuando me hipnotizó con su frescura.
-¿Como la viste? ¿acaso alguna vez tuviste visión?
-Si, la primera vez vi una silueta llena de frescura y armonía, con un aroma que me erizó los pelos de la nariz por así decirlo; sin embargo, la última vez que la vi la reconocí porque ella me lo dijo, llevaba un olor a cigarro y su silueta era de mujer jorobada y ya no lucía aquel cuerpo de infarto, su silueta esta vez, era de una mujer pobre de vida. Y lo peor de todo, es que me pedía dinero para comprar más cigarros... -respire profundo- Y como te dije, veo con el alma, a veces, los ojos nos hacen ser más ciegos que de costumbre, por eso yo he aprendido a ver con el alma.
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