La fiesta estaba en su momento de brindis, cuando todos los ojos se mostraron a mi. Sentía un sudor frió recorriendo por mi cuerpo, mis labios titubearon al momento de hablar, sentía un gran nudo en la garganta, cuando de momento respire profundo y le dí apertura al brindis diciendo:
-Gracias a todos y a todas por estar aquí hoy, principalmente ... -De pronto la mano con que sostenía mi copa de vino empezó a humedecerse, estaba sudando de nervios, mis labios no paraban de temblar, pero me arme de valor y termine replicando:- Mesero por favor, podría abrir la puerta principal y dejar entrar a los indefensos perros que se encuentran vagabundos.
Todos comenzaron a mirarme con asombro y a murmurar entre sí al escuchar mi petición en medio del brindis y el mesero, sin comprensión alguna me respondió:
-Pero señorita, ¿Dónde encontraré yo a aquellos perros? -A su pregunta le miré con una sonrisa tierna y exclame:
-No es necesario encontrarlos, porque yo ya los he traído, están detrás de la puerta blanca al fondo del pasillo.
El mesero siguiendo ordenes se dirigió a donde le había ordenado y siguiendo mis mandatos abrió la puerta. Había una cantidad de perros exacta para llenar una mesa, desde los mas chiquitos hasta los mas grandes, todos salieron corriendo hacía mi mesa que se encontraba vacía. Los invitados indignados por haberme tomado el tributo de sentarme en la mesa principal con una fila de perros vagabundos siguieron murmurando con mas altitud. Volví a tomar la copa de vino con mi mano de muñeca y golpeándole ligeramente con una cuchara de plata volví a exclamar:
-Gracias a todos y a todas por estar aquí hoy, principalmente a los gentiles perros vagabundos que hoy me acompañan en la mesa principal. Hoy el brindis lo he de haber hecho indiferente -Risas- pero es que hoy quiero brindar por ustedes, los perros -Todos me miraron estupefactos y retomando la palabra aclare- y es que nos hemos pasado tantos años llamando "perros" a aquellas personas que nos traicionan, que nos difaman, nos engañan, nos muestran mas de una cara. Comparábamos a aquellas personas con este animalillo vagabundo, pero... ¿Y cómo? ¿Por qué si estos pobres animalillos no han hecho mas que acompañarnos como compañeros leales y entregarnos todo de sí hasta el último de sus días? mas bien le hago la pregunta a ustedes mis queridos, ¿Cómo pueden actuar como las personas mas egoístas del mundo y luego entre sí llamarse perros? En fin, hoy quiero brindar por mis amigos los perros, no los perros leales que me acompañan en esta mesa, sino por aquellos con los que me indigne a compartirla hoy, los que se encuentran fuera de ella; esos si son los principales perros. Difaman y al final vienen a brindarnos su mano amiga para usar lo que digamos en nuestra contra, aveces agregan de mas para tirarnos al suelo frente a la sociedad y al final, cuando ya no pueden hacer mas, vuelven con mentiras, sollozos y con el rabo entre las patas -metafóricamente- aclarando lo sucedido con mas mentiras. Mis queridos perros, hoy brindo por cada uno de ustedes, que me han demostrado con dolor, decepción, humillación y finalmente desaire, que nunca fueron mas que perros pitbulls, que después que el amo le brinda y le cuida, van y le muerden; pero en especial le doy gracias a mis perros vagabundos, porque gracias a ellos he aprendido que no a cualquier perro se le adopta como mascota. Espero que la vida me conceda un corazón noble para desearles lo mejor y no girar a guardarles un mal sentimiento, pero también un corazón valiente para saber alejarme y no dejar huellas. Gracias.

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