Ella.

Eran alrededor de media noche cuando el reproductor sonó la canción de Juan Gabriel "Yo no nací para amar". Inmediatamente mis pensamientos intangibles se desviaron a ella. Aquella mujer que de vida tuvo una melodía muy poco alegre y bailable.

Aun recuerdo sus hermosos ojos desvelándose conmigo, la forma triste con que suspiraba cada vez que le preguntaba sobre su mas grande amor, mientras ella, solo me cantaba el coro de aquella vieja canción:
-Yo no nací para amar, nadie nació para mi, tan solo fui una loca soñadora no mas... -Con mucho pesar me cantaba esta pequeña estrofa, canjeando sus letras para adaptarlas a ella. Cuanto hubiera dado por detener uno de aquellos momentos con ella, porque con ella era tan feliz.
Aun siento como sus manos delicadas, de dedos largos y uñas con esmalte rosado pastel acariciaban mi cabellera, mientras acercaba sus labios a mi frente dándome un beso en el que podía adormecerme y cuando despertará ya había amanecido.
¡Que mujer! Podría estar segura de que es la mujer maravilla, no vuela, ni tiene capa, pero, que amor a los de ella, como sabía defenderos y luchar.
Aun recuerdo haberla visto cambiándose frente a un ovalado espejo y reclamándose las pequeñas imperfecciones que le regalaba la vejez. La miraba atentamente y no me cabía la menor duda, si la perfección hubiera existido, para mi ella lo era, era la mujer maravilla, la mujer perfecta. ¡Que increíble se me ha hecho tenerte cerca!
Ella conformaba el recuerdo principal de todos mis momentos. Bastaba con cerrar mis ojos y la veía... Peinando su pelo lacio, arreglando a su pequeña hija, mientras se ponía su chaqueta color lila y salía con su pequeña en una pasola. Siempre era la misma rutina en las mañanas, ni siquiera la lluvia o el frío le impedían salir.
¿Cómo podía ella tener tantos papeles en un día y aun mantener la calidez de un hogar? 
¿Cómo podía ella ver a su pequeña todos los días sin hablarle de lo inservible que era su padre?

Ahora puedo verla. Los años ya han pasado, la pequeña ya ha crecido y ella, ella es una mujer rumbo a la vejez. Su energía sigue siendo la misma, una dama activa capaz de salir a flote. Todas las mañanas se levanta a la misma hora para atender a su hija antes de despedirla, y mientras prepara su café matutino le pregunto:
-¿Y que del amor?
Ella me regala una sonrisa triste y me dice:
-Yo no nací para amar.


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